lunes, 30 de mayo de 2011

Retornar, fue como querer tomar las rotondas por la izquierda en algunas ciudades. Una utopía.

Imposible también navegar, yo que nunca tuve navío, ni remos, ni mares propicios. Yo que a duras penas sé nadar. 
Dormía mi vida, mientras tú dormías...mientras soñabas con ser poeta de los mares del mundo, de propios y de extraños.

Llega ya Junio, Julio, Agosto... y con ellos, la ténue probabilidad de olvidar en las carreteras la aventura de mi desventura.
Irremediablemente, vi como se perdian girasoles en un cruce de caminos, en el minuto aquel que...¿cuál fue el exactamente el minuto? ¿en qué momento no hubo marcha atrás?

Ánimo y desánimo van de la mano a beberse los restos de las botellas que quedaron, aquellas que un día fueron para brindar que llegaba un nuevo día, que nos cobijaban en la nocturnidad de las confidencias.

Todavía se oyen los ecos de los silencios venideros, del sonar del teléfono al otro lado del tabique, del alegre tintineo del metal y los pasos apresurados.

El final, fue el preludio de los páramos y desiertos vaticinados por charlatanas de pañuelo en el pelo.

sábado, 7 de mayo de 2011

Azul, verde y añil... traspasan esos tres colores los estados fronterizos de sus pupilas. A duras penas, trata de enfocar las distintas variedades cromáticas que sabe que están ahí. No las distingue.
Con los años fue perdiendo el olfato sin ningún tipo de trauma, pero esto era otro cantar.
Acostumbrarse con la treintena en sus costillas a ver el mundo en blanco y negro, se le antojaba injusto y poco alentador.

Creía un Lunes a las cuatro de la tarde, que Dios volvía a estar en todas partes.
Repasaba mentalmente cada oración aprendida en la habitación al lado del Púlpito, dónde la humedad aparecía en forma de dibujos retorcidos y los niños hablaban entre susurros por miedo a ser irreverentes con "El que todo lo oye y lo ve". De aquellas tardes de Domingo, sólo quedaban vagos recuerdos de algunos nombres y apellidos y la lejana esperanza de que todo iría bien, con tan sólo seguir los diez pasos estipulados.

Sabía muy bien el día y la hora exacta en la que había perdido la Fé, pocos años después.

En la búsqueda incansable de la plenitud del alma, encontrose con trenes conducidos por suicidas, asesinos y jueces de lo absurdo. Le fueron tejiendo unas vestiduras tan contrarias a lo que era, que apenas podía reconocerse en los cientos de ojos que se cruzaba a diario. Una densa cortina de humo emanaba, venenosa, entre ella y las masas corpóreas de sus semejantes, impidiendo todo tipo de contacto sincero y fluído.

Creía un Viernes, a las siete de la tarde, que todo volvía a ser un espejismo.

lunes, 2 de mayo de 2011

 Contrariamente, el cansancio acumulado del año ponía un punto y aparte en sus ideas renacentistas. Sale a la calle, mira los surcos de las aceras e imagina las pisadas ajenas de tanta gente desconocida. Pero están ahí. Por alguna razón existen, se cruzan y no se saludan. Para bien o para mal, todo puede cambiar en una micro-décima de segundo.

  La intuición es un arma de doble filo si no posees la destreza en su uso y disfrute. Nadie elige, nacemos con marcas invisibles que con el paso del tiempo salen de su escondrijo. Algunas se disipan con las partículas curativas de algunos semejantes, otras se transforman en cicatrices permanentes y los más fuertes, las obvian y aprenden a no verlas.

Mañana parece que hace un Siglo que te fuíste... con tus heridas de combate. Esas que me transmitías cada vez que me veías revuelta ( así lo llamabas tú cuando me ponía imposible). En mis cada vez más espaciadas visitas, me soltabas con ese aire despreocupado que el tiempo no me había cambiado pero que me veías distinta, "deben ser los aires de la capital"-murmurabas burlón- ¿Cómo no iba a reirme con tu diplomacia arrolladora? Después, comentabas que había tenido la fortuna de haber heredado tu dentadura y la carcajada era todavía más sonora. Reíamos los dos en el patio y en la cocina, se hacía un silencio, en un intento de enterarse de algo.
Puede que ahora me veas de otra manera desde tu lugar incógnito.

miércoles, 20 de abril de 2011

Ya no hay flores.

Tenías miedo de ahogarte entre mis escombros. Desde los acantilados, yo te gritaba con la garganta llena de tierra. Vi tu sombra alejarse como respuesta.

 Serenamente, iba olvidando cada rostro que hubo en la cartera. Palabras, sueños hoy irreconocibles y alguna que otra carretera.

Recordaba que olvidaba y el palpitar esquizofrénico se hacía más evidente. Las cornisas de los tejados eran postres golosos al gran festín existencial.

En este preciso momento, no sabía dar con las respuestas para el desasosiego y el repudio. Para la falta de tacto y  la ausencia de los abrazos de película en blanco y negro.

¿Existen los finales felices? ¿Alguien lo sabe?... Tal vez son como los papeles de tu caja de bombones. De colores, pero de plástico.

El cariño puede volverse un arma arrojadiza. ¿Quién lo entiende? Mas también volaba en tu alfombra mi sonrisa y mis pupilas, cuando las cosas no iban bien.

Es fácil ser un cebo de pirañas cuando no se sabe nadar. Es fácil sucumbir a personalidades novedosas cuando en mi nevera no hay más que lágrimas.

¿Dónde estaban las flores cuándo yacía mi lozanía? ¿Dónde las excursiones al limbo, cuándo mi suelo se abría?
¿Dónde estaba el reconfortante aliento, cuando olvidaba respirar ? ¿Dónde estaba la mano en mi mejilla, cuando las ojeras las cubrían?

En la búsqueda desesperada de la salida, del encuentro encarnizado de un atisbo de estima sincera, hayó peliagudos improperios que aplastaron su fé.

¿Hay algo más voluble qué el ser humano? Guardo tu receta de resignación en mi bolsa de la playa.

lunes, 11 de abril de 2011

El viento azota las persianas a media asta, avisandola que no está inmersa en la peor de las pesadillas.
Todo es real.
Su pulso se ha vuelto débil y apenas lo escucha, en medio de ese silencio fantasmagórico y surrealista. En la otra habitación, ruge la desidia... y su vida. Ruge sin piedad , ajena al dolor inmundo que se agolpa en cada resquicio de piel.

No quiere ver más lágrimas que le recuerden que, en realidad, son suyas también.
Arañando las paredes, fue subiendo poco a poco, galopando en su cintura y en su abrazo, en sus ganas de tenerla siempre a su lado, frotando su nariz.

Imploró en sus bajezas, un poco de consuelo en ese sumidero pestilente en el que sucumbia.

El minúsculo rayo de sol que tímidamente había aparecido, jaranero y etílico se fue con los nubarrones a celebrar su derrota.

No hay esperanza para los que todavía poseen corazón.

Si supieras como me siento... y mañana será peor que hoy.

jueves, 7 de abril de 2011

Fue a recoger caracolas, para escapar de las circunstancias. El mar no estaba hostil, tampoco manso e invitador, ni tan siquiera era azul.
Paseaba la gente a lo largo de la orilla, como paseando sus perras penas.
La mujer que había en ella, había dado un portazo y emigrado a las Antípodas, no sabía muy bien de donde, había tratado de disuadirla de su plan de fuga, pero sólo había conseguido un: "deja entreabierto, por si acaso vuelvo".
Sus pies descalzos se arrastraban por la tibia arena, haciendo surcos que sólo ella distinguía.
-Tal como era entonces- pensaba- entre un millón de huellas, podría asegurar cuales eran las tuyas.
Tanto silencio en una playa masificada un día de Agosto, tanto silencio entre los gritos y algarabías de los niños jugando en la orilla...
Los tejados de las casas, auguraban una familiaridad que ya no distinguía en sus guiones y sin pretensiones victimistas, sospechaba que no volvería a ser pasto de su lápiz insalubre.
Las historias tienen una final mejor, si no se piensan demasiado, si tal vez no se percibe un vestigio increpante de irónica nostalgia. No se pierde nada cuando no se tiene nada que perder.
En sus ensoñaciones melancólicas, fue a parar al borde de la recurrida roca "de pensar y de leer", aquellas pasadas tardes invernales, donde encontrarse era un milagro y los milagros no existían.

martes, 5 de abril de 2011

"POR LA PUERTA DE ATRÀS".

 Nací un 6 de Mayo: donde el suelo era el cielo del lugar dónde me encontraba y estar contigo me hacía sentir fea.

Fue dramático descubrir que tampoco podía fiarme de tí: al principio impensable; luego palpable... más tarde  ineludible.

Por más què me aprenda el diccionario no existen palabras que describan la tristeza de una decepción magnánima.
Sólo los desamparados, los huérfanos y los repudiados, saben lo que es.

Todo lo que se dijo se quedó en el río.
El tuyo siguió su curso hacia mares tardíos;  el mio volvióse un pantano sombrío.

No te diste cuenta de que me iba por la puerta de atrás; ni tan siquiera mostraste un leve rictus de contrariedad en tu expresión nocturna. Tú ya eras feliz.

Te esperé cientos de vidas en las esquinas de las avenidas que nos vieron correr, en el portal de las confidencias y en la ventana del reencuentro... pero tú ya eras trovador en otros mundos a los que no podía llegar.

Con el tiempo llegar  me fue siendo indiferente, arrullada por los abrazos del frío y mi encierro involuntario en el escaparate dónde era testigo ajeno del curso de tu vida.

lunes, 4 de abril de 2011

 La gata deambula sin rumbo a lo largo de las calles.
Ya no tiene cuatro patas ni el pelaje brillante y suave, rebusca entre contenedores, por si se encontrara un atisbo de amor propio, un resquicio de lealtad voluntaria, o una pequeña vía de escape.
 La gata estúpida, tiene la vista nublada. No sabe si porque va dopada o porque va malherida.
 Silenciosa, acompaña en sus viajes al latifundio de las pesadillas, a la bruja del cuento.
La "meiga" timorata que sólo vive de sus instintos y muere en vida por sus vaticinios orates.
La felina sin garras, aúlla en las noches tras las ventanas vecinas. Huele la podredumbre humana y llora por ellos, por todo cuanto se lastiman y se escupen.
Una niña de de coletas rizadas, le dedica una sonrisa de lástima.
Sólo los viejos tatuados de olvido forzoso y los niños vestidos de inocencia caduca, saben leer en sus ojos de gata extraviada.
Le ronda hace tiempo por su cerebro minúsculo y estrecho, que tal vez la Futuróloga erró en sus presentimientos.
Lame y se relame cada golpe certero y clama al cielo atragantarse con alguna espina fortuíta que adelante su fatal desenlace.
Sólo el suyo, inevitablemente.

martes, 29 de marzo de 2011

  Yo maté al Unicornio. Le maté cuando todavía no había aparecido ni un asomo de mis instintos asesinos.

Le maté sin querer matarlo.

No quería su sangre milagrosa, buscada por  antepasados ancestrales, sólo quería olerlo, saber si existía.
Exístes... ahora lo sé y ya me basta. Aunque seas escurridizo como los bancos de niebla de un atardecer, que sólo se ve en los sueños más pretenciosos e imposibles.
Miles de personas te buscarán a través de los Siglos venideros, pero yo, querido Unicornio, te tuve.

Te tuve sin tenerte.

 Te tuve. Aunque sólo fuese en mi retina , ahora grisácea y vieja, deslumbrada por la belleza de tu contorno, aquel primero de Noviembre.
En los meses venideros entendí, que contigo yo tenía fecha de caducidad. Que eran en vano mis fantasías y pensamientos paranóides. De nada servía mi beso sincero, las hojas en blanco reservadas para estampar tus huellas, la ofrenda de mis vísceras en tus altares o mi otra mejilla en tus desaires.

sábado, 26 de marzo de 2011

No he hecho nada más que nacer.

Nacer para observar como mueren, como mueres, como muero...
No sé de nada y sobrevivo por querer saber de todo. ¿He tenido yo la culpa de haber tenido un cuerpo? Yo nunca lo he pedido. Por no pedir, ni pedí tener conciencia.
La conciencia que me estorba, que lacera mis sesos estruendosos hasta hacerlos claudicar de sus pobres pensamientos.
No, ni siquiera pedí tener cabeza y mucho menos corazón.

jueves, 24 de marzo de 2011

Aranas, mentiras al fin y al cabo.

Cuando salen a flote las mentiras las horas van muy lentas. No importa si son piadosas.
Se te van debilitando cada una de las extremidades, caen inertes y fláccidas sobre el colchón. No hay consuelo de ningún tipo.
Son molestos los sonidos que te rodean, molesta hasta tu propia voz. Después menguan las paredes y te asfixia el calendario.
El repaso mental al que te sometes, no es mucho mejor. Caes en la cuenta de las veces que disimulaste con mercromina genérica cada rasguño reiterado, rasguño que ahora se ha vuelto una úlcera sangrante.
Voy sintiendo como pierdes hasta el último Decilítro de sangre que te ofrecía. Cada revelante noticia viene a decirme que no estuve tan equivocada.

Mezcla de alivio y resquemor por lo que se me viene encima pero al fín podré empezar a mirar sin los cobertores que me proveía la Adoración.

Voy sintiendo que casi no siento nada. Pueden más mis arcadas subliminales que todo el amor que un día profesé.

Inútilmente no soy yo la pierde, gané en valentía y en coraje. Gané la certeza que ya tenía.

Tengo ganas de correr y volverme cenizas.

sábado, 19 de marzo de 2011

Dices que ya no quieres alimentar este motor
que es por mi bien el matarme de sed.
Gritas que ayer ya no es hoy
y que en tu mañana
ya no hay nada para mí.

Dices que todo cambia
que el aire se ha viciado
y que buscas una nueva dirección.

Me perdí en tus palabras
tan sola que hasta no me ví
reflejada en los escaparates
de las calles que nos vieron morir.

¿Sabes? sin nada no se está mucho mejor
pero al menos no me siento
como los retales de un vestido viejo.

No se puede con la frescura
de los peces recién pescados.
No se puede sólo armada
con un temblor caduco y congelado.

Tantas veces tengo ganas de decirte
que me invento conversaciones
en una casa imaginaria
donde sólo habito yo y tu ausencia desgarradora.

Necesito perdonarme las plegarias reiteradas
y ver mis manos vacías
con los párpados libres de lágrimas.

Fuimos lo que no se sabe
somos lo que nunca fuimos.

Tan insignificante para darme un nombre
que para tí no merecí.
Tan incompleta como para no estar a la altura
de reconocerme un hueco en tu "País de las Maravillas".

¿Cómo vas a querer guardarme en tu maleta
habiendo tantos tesoros en tus arcas?

Disimularé mis ganas de seguir a tus zapatos
cuando, tal vez, nos crucemos
y no sea yo la que frote tu nariz.

Desaparecerás en los años, sin saber
la magnitud de lo que has hecho conmigo.

Que no quise sólo tus buenos ratos...

También los malos, los peores y los que ya nunca veré.

viernes, 4 de marzo de 2011

No fuíste Tú ni fui Yo.
Fueron los pares de botas gastadas
cansadas de correr en ninguna dirección.

No hubo nada que Tú y Yo
pudiéramos hacer.
Nada sigue siendo nada
si uno de los dos, no le dá de comer.

Son los somníferos los que me hablan ahora
cuando llegan las horas sin luz.
Son los que acarician mis párpados,
sombríos y azulados de batallar
contra las sombras de un marchito Girasol.

Ya no me vienes a buscar, amor...

Ya no se dibuja tu perfil en el umbral de mi puerta.
Ya no aparecen nuestros nombres en digital,
ni es mi cara morena, la única que te apetece besar.

¿Escuchaste mis presagios cuándo todavía estábamos a tiempo?
¿Cuándo avisaba qué mi locura transhumante, haría acto de presencia?
¿Cuándo pedía qué te armaras de Paciencia?

Muero al ver desfallecer tus fuerzas.
Al ver dormir tus apetencias.
Al palpar la certeza inhóspita de mi mala gestión.

jueves, 3 de marzo de 2011

Ando buscando en los armarios, algún sueño que ponerme.
Uno que vista mis cenizas y mis ruinas.
Alguno que dé a mi desnudez el cobijo que le falta.

Evidentemente, no lo encuentro.

Serán de sal todas mis tardes venideras.
Serán de tíbia amargura,
de nombrarte hasta quedarme muda
de no oir tu voz en la respuesta.

¿Dónde está mi fé?
En lugar de dos vasos de sonrisas hay dos klinex de papel.
De mis ganas de nada nacen tus ganas impacientes de perderme.

Tú reirás sin notar mi ausencia.

Atenderás las apetencias de otro vientre de alquiler.
Cambiarás mis piernas por otras más intrépidas y veloces
Y sobre mullidos cabellos novedosos
dormirás los sueños que en tus paredes dejé.

Ando buscando quien era antes de entonces.
La busco en las maletas y en los cajones.
En las canciones, en los viejos amigos
en los nuevos sentidos que se me despiertan.

Ni rastro.

sábado, 26 de febrero de 2011

   Solía cerciorarse de las intenciones que llevaban, antes de encender las velas.
Cuando se fraguó la batalla, vestía camisa azul y tejanos gastados. Apenas un toque de rimmel para enmarcar la mirada final.
Aquella extraña del espejo, no se correspondía con la extraña de las fotos del álbum familiar.
Todavía recordaba aquel verano del 99, el verano en el que había despertado a la vida adulta y liviana.
El verano de la resurrección.
Después... centenares de traspiés, invisibles victorias y ningún trofeo en las vitrinas.
 Dando un paso al frente, se aseguró de que todo estuviera correctamente dispuesto. El vino, la sal y las tijeras.
-Es fácil perder la Inocencia cuando te tropiezas con la Modernidad - dijo para nadie - Fácil no vincularse cuando derrochan atenciones a tu alrededor, cuando adulan cada movimiento de tu pluma, cuando despliegan todos los encantos y armas premeditadas.
Es fácil rendirse a los encantos de las Sirenas de aguas dulces y voces ceremoniosas- prosiguió, nadie la oía-abandonarse a tiernas mazorcas embalsamadas con los mejores ungüentos para las ocasiones especiales.
Es relativamente sencillo naufragar en las circunstancias y dejarse querer, una verdadera Odiséa que te quieran cuando te quitas el disfraz- sentenció - Pero lo realmente dificil es querer.
Un día no estaré. Un día no estarás. Un día sólo serémos dos nombres en una agenda de teléfonos, un contacto más en una red social.
Un día dejaré mi casa y otros absorverán nuestras esquinas. Tú cambiarás la ciudad de las calles peatonales por alguna más Cosmopolitan.
 Yo me moriré por seguirte pero callaré como tantas veces. Tú nunca me dirás nada porque siempre me quisiste de paso.

 Pronunciaba estas parrafadas al aire y se sentía axfisiada por su propia certeza. Como decía, ya estaba todo preparado. El vino, la sal y las tijeras.
Vino para su conciencia, sal para sus estigmas y tijeras para su lengua.

jueves, 24 de febrero de 2011

Déjame llorarte en esta noche lúgubre.
Déjame llorarte y luego vete...
vete a donde sea que te esperen.

Ya no me queda más que la arena escurridiza de los recuerdos
el vago despertar al otro lado de tu almohada
el eco ténue y sibilino de tu voz en mi cabeza.

¿Escuchas nuestras voces en las canciones ?
Yo si... las escucho y me las tatúo para que no te las lleves contigo.
Para que no se me borre el añejo tacto de tus pómulos
ni la época dorada de cuando te importaba mi tiempo en La Tierra.

Sé que no estás pero te busco.
Te busco con las ansías desesperadas de encontrarte
con la ilusa querencia, de que atravieses con viejas flores mi portal.

Yo no sé de Tesoros ocultos, no sé de grandezas
no sé de violines envolventes ni de cartas sobre la mesa.
Sólo sé de muertes súbitas y de conatos de incendio.

Siempre valles de flores tardías.
Siempre son riscos y páramos.
Primaveras que son Otoños y Otoños que son Inviernos.

miércoles, 23 de febrero de 2011

...Más un día dejó de temer.

Temía los encuentros, los desencuentros sin sentido, los espacios vacíos de culpabilidad .
Temía los sinsabores y las ausencias, la voluntad infiníta de dar todo por nada, su hueco en la cama y la simple cordura de que hay cosas que están de más.
La triste certeza sumió su ánimo en pereza y su apetencia en indiferencia.
La desilusión es mala compañera de viaje cuando se tiene cierta edad. 
 
 Aquella tarde las aves no volaban, la gente se paraba esperando que explotara la Verdad, los parques eran nidos de víboras y en las iglesias ardían imágenes y retablos sagrados.
Su cuerpo desdeñaba las carícias antaño anheladas, carentes de estigmas, carentes de nada.

La Vanalidad había triunfado.

martes, 15 de febrero de 2011

Partió la celeste nave a Universos remotos.
Desconectó alarmas y esfumó la dirección escrita en el buzón.
Dejóse prendida en La Tierra una antorcha incombustible, solitaria y endeble.
Anídan los pájaros en ramas de los árboles sin Primavera
No pían, no cantan, no vuelan...

Tiene mi nombre ahora, más de dos letras.

domingo, 13 de febrero de 2011

"Querer de Garrafón"

Desabrocha, uno a uno, los botones de poliéster brillante. Dale la cara a la Vanidad, hambrienta de resíduos menstruales. Purifica las mucosidades con alguna ofrenda Pagana.
Vete a dormir al fondo de un pozo de aguas pantanosas y residuales.
Despiértate algún día, con ansiedad y agujetas en el corazón.
Baila sin una pierna, en medio de una pista de expertos bailarines, observándote por encima del hombro y señalándote con el dedo, en un estallido de sonoras carcajadas.
¿Sientes como se te suben los colores, mientras repasas mentalmente, si hay algún sitio dónde ir?
Baña de ridiculez tu espíritu tímido y timorato, sin poseer dinero para Jabón de Lagarto.
Desea arrancarte la piel a tiras, en un intento inútil al recordar que jamás te has dejado crecer las uñas.
Escupe a tu imagen en el espejo, una y otra vez.
Más tarde, llora tu desastre existencial sin nadie que te comprenda.
Escribe poemas ingénuos en papeles que mueren en una bolsa de basura.
Deseas morirte el Lunes.
Deseas morirte el Martes.
Deseas morirte el Miércoles.
Deseas morirte, un poco menos, el Jueves.
Deseas un coma reversible, el Viernes.
Deseas un desmayo eventual, el Sábado.
Deseas poder dormir, por lo menos un rato, el Domingo.

martes, 8 de febrero de 2011

 Se resistía el corcho de la botella de vino blanco, aquella mañana. ¿Quién marca las horas propicias para saborear el tipo de líquido que te pide el cuerpo?
No sabía de nadie, así que sacó su copa plástica de brindis y la llenó hasta los bordes.
Acompañada de surcos profanando su cara, le hubiera gustado decir que no hubo nadie que la quisiera como Tú.
Hay tipos de personas que sólo encuentras una vez en la vida.
No son las más comprensibles ni las más políticamente correctas pero son las de verdad, las que te hacen sentir bien.
Así fue.
Llegó un día que por fin entendió.
Un día las ténues esperanzas, se mudaron a las antípodas de sus piernas y entonces dejó de esperar.
Sucedió la tarde que, compartiendo un café con amigos, cayó en la cuenta de la silla vacía a su lado.
Sé que tuvo ganas de morir.
Esa silla había tenido nombre y apellido. Supongo que se dieron cuenta pues alguien la  movió de sitio, acompañando su comprensión con una mirada de ternura. Agradeció la ausencia de un "ya te lo advertí".
 No. El despertar no es fácil. No es rápido. Ni siquiera alivia un ápice la insana nostalgia de un pasado mejor.
Pudieron tenerlo casi todo y casi todo, casi se vuelve casi nada. Mas nunca podría agradecerle el hueco que le había hecho en este mundo carente de todo.
Inexplicablemente ahora tenía ganas de saltar etapas, de correr maratones y de pintar sus labios.
Bebió un nuevo sorbo de vino amargo y se le antojó  dulce. Podía haber sido peor. Podía haberse quedado sin conocer las mieles de las hieles que aparecen en cada latido. Aunque en los momentos fantasmagóricos de las ausencias, creía que no había cosa peor que quedarse a las puertas del tan ansiado Oasis.
Serenamente, acompañada únicamente de su botella dorada, anotó cada frase disertadora que le había pronunciado en los últimos tiempos. Luego las releyó para asumir que no había nada por lo que batallar. Sólo esperar el momento de su despedida.
Se sentía bien porque tal vez, Él encontraría lo que tanto ansiaba. Guardaría sus "nunca pasa nada" en una habitación carente de desolación y hastío.
Al menos que uno de los dos lo consiguiera.
Saldría por la puerta de atrás sin hacer ruido, recordando que "no había nada".
Con su copa vacía, su pitillo en la boca, su sonrisa a pié de página y sus ganas de llorar, repetía en voz alta: "Soñar, no es tan bueno."

miércoles, 2 de febrero de 2011

No.

- Estoy aquí, ¿no me oyes repirar? - Esto lo murmuraba para sus adentros, no queriendo avivar huracanes inhóspitos.
-¿Cuánto tiempo ha pasado ya? ¿Una semana, un mes... tal vez cuatro? No lo recuerdo...
¡Bah! ¿A quién le importa ahora  que, por fín, está amaneciendo?
 Era la que velaba su sueño y sin embargo, eran otros nombres los que pronunciaban sus noches anónimas.
- Escupe el veneno que te inyecté algún día. Devuélvemelo, por favor. No te quedes con las mil contradicciones que vomité en tu cara impasible.
Mis piés no me siguen. Mi sentido común ha presentado, vía oral, su renuncia. Me duelen las hojas de papel, los mártires desnudos en cumbres de montes paganos, los escombros incandescentes de mis flaquezas y delirios. Pesa mi "enajenación mental" en todas sus manifestaciones.
¿No ves qué hay mermelada de sesos por toda la habitación?
 Huele a desidia y a combustión lenta ¿no notas qué me estoy pudriendo?  - Acercó la oreja a su pecho para oir si le latía el corazón. Ahí estaba. Bum, bum... latía. Entonces... no estaba muerto. ¿O sí?
Desinfectando heridas abiertas con saliva compartida, empuñó el bolígrafo y se lo clavó en una mano. Concretamente, la derecha.
Entonces vió los cuervos. Graznidos que no dejaban lugar a dudas. Prefería que se convirtiera en pasto de lobos hambrientos de ciudad, a dejar que compartiera su maleta de viaje.
- Bien. Ya lo entendí. Sabe a balada lacrimógena tu manera de decirme adiós. Es tu subconsciente el que te traiciona, no yo. No hay ya público, en el púlpito donde me plantaba a darte mis discursos más ufanos. Me derrumbo a la par que se derrumba mi casa.
Por otro lado, ¿Alguién ha visto mi capucha azul?

martes, 1 de febrero de 2011

Lo bueno si breve...

¿Qué haríais si la historia más bonita, fuera sólo producto de vuestra imaginación?
 Permanecía inmóvil delante del portal que tantas veces había pisado.
- "Déjame quedarme a vivir bajo las uñas de tus pies. "
Se dió la vuelta, con fingida altanería de saldo... y se fue.

jueves, 27 de enero de 2011

La Madriguera.

La Madriguera es un lugar atemporal.
Misteriosa es su ubicación y su fecha de avistamiento.
La Madriguera puede que no se encuentre en este Planeta.
Es el primer lugar que se te ocurre cuando las heridas supuran o cuando el ruido de la calle, hace que los oidos se desangren.
Es un "Nocturne" a piano de Chopin, un olor a hierba recién cortada...es una manta con manzanas rojas.
Creo que la mía tiene ruedas.
El escondite esquivo, se asoma en las oníricas noches sin luna, en el reflejo de las fotos de ayer, en cada despedida irremediable.
Hay quien no la halla nunca.
Hay quien la encuentra hecha de caoba, dando forma a un ataúd.
Aparece cuando llega el Olvido.
Cuando ya no importa donde estés, porque nada es ya imprescindible.
En el preciso instante que sabes que no te esperan en ninguna parte.
La Madriguera es el punto culminante de cualquier vida. Un remolino vertiginoso de soledad buscada y abrumadora paz.
Allí donde se unen los recuerdos de las sonrisas que esbozaste, de los que ya no están ni volverán... allí donde se juntan con los que llegan para quedarse, sin reclamar la Perfección.
Suave brisa marina que hace remolinos en tu pelo, que enreda tu falda en otras piernas que sientes, ahora, como tuyas.
La certeza absoluta de que has llegado.
Trazos curvilíneos bajo una mueca de sincera extenuación.

domingo, 23 de enero de 2011

Abuelo.

El viejo hacía bastones con sus propias manos.
Tuve que pasar un largo proceso, para darme cuenta de que era viejo.
Tenía los ojos verde amarillento, la altura y fortaleza de un gigante y la sonrisa más bonita del Sistema Solar.
Cuando nadie me entendía, él me sonreía. Asentía con sincera parsimonia, cada locura que vomitaba mi boca.
De mis últimas visitas, no guardo recuerdos tangibles (me odio por ello)
Ahora me doy cuenta de su persimidad para conmigo.
Todo el mundo hablaba bien de él. Llevaba la palabra Respeto, tatuada en la frente.
Cuando todo se tornaban arenas movedizas, mis piernas corrían hacia su Omnipresencia.
De mi época incomprendida, sólo recibía sus llamadas de aliento.
Fuí una niña extraña, una adolescente complicada y una joven demasiado despegada, mas siempre supo darme la explicación para mis desvaríos.
"Non eres deste mundo, miña nena".
Hoy me aconseja en cada bifurcación. Increpa mis fuerzas cuando quiero tirar la toalla. 
Oigo su voz en cada estancia de mi casa y cuando caigo, sólo es él el que me levanta.
No había caído en la cuenta de que podía faltarme y ahora que no está, me hace mucha falta.
Me senté en su nueva morada un 24 de Diciembre, ansiando volver a verle, que me contara de su vida en la otra dimensión, que me aconsejara como tantas veces...
Nadie contestó.
Decía que yo iba a ser grande y me carcome por ello, la ligereza con la que he llevado mi vida.
No sé donde estás, ni con quién te codeas...pero sé que me velas cada día.

sábado, 22 de enero de 2011

...

El barco al que nunca llegamos a subirnos
se me aparece en sueños
y lo veo zozobrar.

Reposan vacías de tí y de mí
las calles del pueblo marinero que decidiste enseñarme
cuando todavía era verano.

No sé cuando empezaste a marcharte.

Recostaba mi cabeza en el asiento de al lado
hablando con las cosas
y escuchándote silbar.

No supe como decirte que hubiera querido morír allí.

Me hice valiente tras tu persiana
renací en cada película que me regalabas
te rompí media vajilla y un cenicero.

¿Qué será de nuestra playa cuándo agonice Mayo?
¿O del museo en el qué jugabas a ruborizarme
 la primera mañana qué aterricé?

Maldigo el día aquel
en que mis labios osaron murmurar
mi desasosiego.

Arreciaba sobre tu coche
la tormenta más triste que recuerdo.

Altanero izaste la barbilla
para decirme lo que tanto miedo me daba
guardando en tus bolsillos
mis pocas ganas de nacer en algún sitio.

Murieron desde entonces
tus ganas de verme, las canciones
y mi templanza.

Oteo los desprecios
en cada lágrima que me asola.
Tu rabia incontenida
sobre el rostro que te descubre cada mañana.

Si no te amé, estuve cerca.

Sólo sé que hubiera dejado escapar
cada uno de mis sueños
a cambio de que se cumplieran los tuyos.

¿Acaso ése no es, el más grande de los amores?

Ya no importa.
Vaticinas otro nombre junto al mio y vas dejándome atrás.

viernes, 21 de enero de 2011

Un color evoca un recuerdo.

Ayer la hierba tenía el mismo verde que el de hace catorce años, en el parque de nuestra despedida.
Me pregunto si aún recuerdas aquel primer beso.
Aquel que nos dimos cuando nuestra edad se abría a la vida y todo parecía tan lejano.
Yo no lo hice, tampoco te dije lo contrario.
Me reías, me elevabas y, sobretodo, me seguías.
Son tus promesas de no olvidarme, las que dibujan mi sombra cuando todos me olvidan.
Nunca te eché de menos.
Medías cada día nuestra altura, regocijándote que yo ya no crecería.
Predecías futuros alentadores, grandes hazañas, nuestra permanencia en la Historia.
Decías que yo tendría un novio poeta, que mi existencia cambiaría el mundo.
Después te tornabas airoso, envilecido por mi silencio.
Fué más tarde que me dí cuenta de las palabras que esperabas.
¿Sabes? la Indiferencia ahora duerme cada noche en mi costado.
No sabe que existo.
No sabe de mí.

miércoles, 12 de enero de 2011

Hastío.

Una vez claudicada la idea de la milagrosa aparición,
volvió a ver paja en los graneros.
Bancos de peces en el mar.
Manadas persiguiendo la misma presa.
Hormigas en fila india.
Ovejas tras un pastor cualquiera.
Histéricas señoras en épocas de rebajas.
"Te quieros" silenciados en bares de mala reputación.
Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, Sábado... Domingo.
Enero, Febrero, Marzo, Abril, Mayo, Junio, Julio, Agosto, Septiembre, Octubre, Noviembre...Diciembre.
...Y así sucesivamente.

martes, 11 de enero de 2011

Ya sólo llovizna.

Le resultaba tan obvia su forma de deslizarte a través de las corrientes alternas, que todo se tornó más fácil.
Se retorció como un gusano por todas las calles, imploró encontrar amnesia en las esquinas, sopló las velas cumpleañeras de cuántos se encontraba, para desear que el tiempo volara...
Pero todo fue en vano.
Gimoteaba sobre su mala suerte, pisaba charcos de lodo, descalza...
Pero seguía siendo un fraude.
Al fín, un día se despertó con la incipiente indiferencia, como compañera de piso.
El lacerante martilleo en las entrañas, dejó paso a una  fria calma.
Los latigazos en la espalda, volviéronse anonimato y consciente globalidad.
Rutina. Asomo de tímido repudio.
Siempre era igual.
Adivinaba sus caminares sibilinos entre una multitud buscada a conciencia.
El interés y la Idolatría se fueron desdibujando, como la mueca de un Mimo.
Ya no se sentía pequeña, ya no se sentía vulnerable, ya no se sentía del montón.
Su camino  tal vez, se le antojaba ahora, florido y soleado.
El regalo no era él, era ella.
Era un obsequio de pequeñas dimensiones y discreta envoltura, pero limpio y real.
Imaginó dos rutas paralelas que se alejaban en el horizonte.
Ella para encontrarse, él para encontrar.

sábado, 8 de enero de 2011

Marchando.

Cuando los surcos de la vejez
provean de imperturbable sapiencia
a mi corazón, hoy contrariado,
veré lo absurdo de mi dilema.

Tú, como yo
eres sólo carne y osamenta.
Fueron mis párpados ilusos
los que te endiosaron
rodeando de rosácea áurea
los cuervos que comen de tu alma.

Son las púas de la pluralidad
las que azotan
mi cochino existir.

¿En qué pupilas me reflejaré mañana?
¿Qué dedos apartarán el mechón de pelo, qué inoportuna al Morfeo de mis armarios?

Plantarán girasoles
en la puerta de mi casa.
Jamás silenciarán mi ténue debilidad
ni olvidarán mi pequeño mundo
en ninguna casa ajena.

Viene Caronte en su barca
a llevarse el infante amor profesado.
Viene a deshabitar
el eterno hueco deshabitado.

viernes, 7 de enero de 2011

Un roto para un descosido.

El día del juicio final, no estaré sentada a la derecha del Padre.
Por descontado que tampoco estaré en las primeras filas. Me da que ni siquiera en las últimas.
Mi naturaleza curiosa, hace que me pregunte dónde estaré dentro de cien años. Si existirá una eternidad para mí.
¿Llevaré en la otra vida el interrogante perpétuo adosado a mi cabeza?
En mis divagaciones, me viene a la memoria la frase aquella de "te perdiste la luna mientras contabas estrellas".
No hace mucho me la repitieron entre copas y verdades a medias.
Tengo la mala costumbre de ser terca en mis convicciones.
Tengo la mala costumbre de no mirar a mi alrededor.
Podría decirse que "la malas costumbres" me tienen a mi.
A pesar de mi obstinación, empiezo a rendirme en el juego enfermizo de mis últimos casi 365 días.
Nunca hubo otro participante.
Mirando las cosas por el lado bueno, he aprendido la lección mas valiosa de mi vida.
Lo que tanto anhelas puede ser la más pesada de las cruces.
De mis grises y mis negros no voy a renegar mas.
Hoy no me ven, soy sólo una miga más del pastel.
En el fín de los tiempos, tal vez ni recuerden mi nombre.
Vamos y venimos hasta vararnos en la playa adecuada.
Mañana tal vez descubra en el sitio más disparatado e insospechado, lo que significa TODO.
Entretanto, hablaré a mis cosas de tí para que no te traten como a un extraño.

miércoles, 5 de enero de 2011

Tú. Sinónimo y Antónimo.

Baja... sube.
Entra... sal.
Dime... cállate.
Bésame... apártate de mi.
Duérmete...vete al cuerno.
Purifíca mi corazón... maldice mil veces mis entrañas.
Acaríciame... azota mi carne con tu desdén.
Compréndeme... ignora mis puertas y ventanas.
Alíñame... abandona los sabores de mi existir.
Dance with me... ponme la zancadilla en lo alto de una escalera.
Sonríeme... aplaca tu ira de tres demonios juntos, en mis huesudos hombros.
.

martes, 4 de enero de 2011

Shhh...

Te cobijo bajo mis alas de lunares
descoloridas por la salitre de tus besos.
Agujereadas por los hilos de todas tus marionetas
las mismas que escupen al pronunciar mi nombre.
Mis margaritas tienen conflictos de intereses.
Se deshojan furtivas, azotadas por el servilismo erótico de los tiempos que corren...
Saben rancias las madrugadas, los despertares y los quehaceres.
Saben a melancolía y a mantequilla,
la misma con que acompañas tu pan de cada día.

Se ha vuelto nocturna la compañía y la yonky verborrea.
Nocturnidad sin luna, sin mares que la reflejen.
Júrame que el amor muere...
Zozobran los días de rosas en un jarrón de aguas turbias.
Yacen los pétalos que ayer fueron lozanos - envejecen nuestras fotos, como envejece mi esperanza somnolienta.

Sellánse los pozos de golosa jalea
abandonados por los enjambres de abejas sin reina.
Cebo mi promesa de olvidarte
con frases disparadas por tu boca insalubre.
Júrame que el amor muere...
Deposito tus yacimientos ilegales de palabras
en mis pupilas dilatadas de pesar corrupto.
Carcelero de mi propia sombra...
La que ya ni ve, ni oye, ni convulsiona por tu libre albedrío.
 Muérete, que el amor jura...