Te cobijo bajo mis alas de lunares
descoloridas por la salitre de tus besos.
Agujereadas por los hilos de todas tus marionetas
las mismas que escupen al pronunciar mi nombre.
Mis margaritas tienen conflictos de intereses.
Se deshojan furtivas, azotadas por el servilismo erótico de los tiempos que corren...
Saben rancias las madrugadas, los despertares y los quehaceres.
Saben a melancolía y a mantequilla,
la misma con que acompañas tu pan de cada día.
Se ha vuelto nocturna la compañía y la yonky verborrea.
Nocturnidad sin luna, sin mares que la reflejen.
Júrame que el amor muere...
Zozobran los días de rosas en un jarrón de aguas turbias.
Yacen los pétalos que ayer fueron lozanos - envejecen nuestras fotos, como envejece mi esperanza somnolienta.
Sellánse los pozos de golosa jalea
abandonados por los enjambres de abejas sin reina.
Cebo mi promesa de olvidarte
con frases disparadas por tu boca insalubre.
Júrame que el amor muere...
Deposito tus yacimientos ilegales de palabras
en mis pupilas dilatadas de pesar corrupto.
Carcelero de mi propia sombra...
La que ya ni ve, ni oye, ni convulsiona por tu libre albedrío.
Muérete, que el amor jura...
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