...Más un día dejó de temer.
Temía los encuentros, los desencuentros sin sentido, los espacios vacíos de culpabilidad .
Temía los sinsabores y las ausencias, la voluntad infiníta de dar todo por nada, su hueco en la cama y la simple cordura de que hay cosas que están de más.
La triste certeza sumió su ánimo en pereza y su apetencia en indiferencia.
La desilusión es mala compañera de viaje cuando se tiene cierta edad.
Aquella tarde las aves no volaban, la gente se paraba esperando que explotara la Verdad, los parques eran nidos de víboras y en las iglesias ardían imágenes y retablos sagrados.
Su cuerpo desdeñaba las carícias antaño anheladas, carentes de estigmas, carentes de nada.
La Vanalidad había triunfado.
Por eso que nunca viajo sola...
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