viernes, 7 de enero de 2011

Un roto para un descosido.

El día del juicio final, no estaré sentada a la derecha del Padre.
Por descontado que tampoco estaré en las primeras filas. Me da que ni siquiera en las últimas.
Mi naturaleza curiosa, hace que me pregunte dónde estaré dentro de cien años. Si existirá una eternidad para mí.
¿Llevaré en la otra vida el interrogante perpétuo adosado a mi cabeza?
En mis divagaciones, me viene a la memoria la frase aquella de "te perdiste la luna mientras contabas estrellas".
No hace mucho me la repitieron entre copas y verdades a medias.
Tengo la mala costumbre de ser terca en mis convicciones.
Tengo la mala costumbre de no mirar a mi alrededor.
Podría decirse que "la malas costumbres" me tienen a mi.
A pesar de mi obstinación, empiezo a rendirme en el juego enfermizo de mis últimos casi 365 días.
Nunca hubo otro participante.
Mirando las cosas por el lado bueno, he aprendido la lección mas valiosa de mi vida.
Lo que tanto anhelas puede ser la más pesada de las cruces.
De mis grises y mis negros no voy a renegar mas.
Hoy no me ven, soy sólo una miga más del pastel.
En el fín de los tiempos, tal vez ni recuerden mi nombre.
Vamos y venimos hasta vararnos en la playa adecuada.
Mañana tal vez descubra en el sitio más disparatado e insospechado, lo que significa TODO.
Entretanto, hablaré a mis cosas de tí para que no te traten como a un extraño.

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