Solía cerciorarse de las intenciones que llevaban, antes de encender las velas.
Cuando se fraguó la batalla, vestía camisa azul y tejanos gastados. Apenas un toque de rimmel para enmarcar la mirada final.
Aquella extraña del espejo, no se correspondía con la extraña de las fotos del álbum familiar.
Todavía recordaba aquel verano del 99, el verano en el que había despertado a la vida adulta y liviana.
El verano de la resurrección.
Después... centenares de traspiés, invisibles victorias y ningún trofeo en las vitrinas.
Dando un paso al frente, se aseguró de que todo estuviera correctamente dispuesto. El vino, la sal y las tijeras.
-Es fácil perder la Inocencia cuando te tropiezas con la Modernidad - dijo para nadie - Fácil no vincularse cuando derrochan atenciones a tu alrededor, cuando adulan cada movimiento de tu pluma, cuando despliegan todos los encantos y armas premeditadas.
Es fácil rendirse a los encantos de las Sirenas de aguas dulces y voces ceremoniosas- prosiguió, nadie la oía-abandonarse a tiernas mazorcas embalsamadas con los mejores ungüentos para las ocasiones especiales.
Es relativamente sencillo naufragar en las circunstancias y dejarse querer, una verdadera Odiséa que te quieran cuando te quitas el disfraz- sentenció - Pero lo realmente dificil es querer.
Un día no estaré. Un día no estarás. Un día sólo serémos dos nombres en una agenda de teléfonos, un contacto más en una red social.
Un día dejaré mi casa y otros absorverán nuestras esquinas. Tú cambiarás la ciudad de las calles peatonales por alguna más Cosmopolitan.
Yo me moriré por seguirte pero callaré como tantas veces. Tú nunca me dirás nada porque siempre me quisiste de paso.
Pronunciaba estas parrafadas al aire y se sentía axfisiada por su propia certeza. Como decía, ya estaba todo preparado. El vino, la sal y las tijeras.
Vino para su conciencia, sal para sus estigmas y tijeras para su lengua.
sábado, 26 de febrero de 2011
jueves, 24 de febrero de 2011
Déjame llorarte en esta noche lúgubre.
Déjame llorarte y luego vete...
vete a donde sea que te esperen.
Ya no me queda más que la arena escurridiza de los recuerdos
el vago despertar al otro lado de tu almohada
el eco ténue y sibilino de tu voz en mi cabeza.
¿Escuchas nuestras voces en las canciones ?
Yo si... las escucho y me las tatúo para que no te las lleves contigo.
Para que no se me borre el añejo tacto de tus pómulos
ni la época dorada de cuando te importaba mi tiempo en La Tierra.
Sé que no estás pero te busco.
Te busco con las ansías desesperadas de encontrarte
con la ilusa querencia, de que atravieses con viejas flores mi portal.
Yo no sé de Tesoros ocultos, no sé de grandezas
no sé de violines envolventes ni de cartas sobre la mesa.
Sólo sé de muertes súbitas y de conatos de incendio.
Siempre valles de flores tardías.
Siempre son riscos y páramos.
Primaveras que son Otoños y Otoños que son Inviernos.
Déjame llorarte y luego vete...
vete a donde sea que te esperen.
Ya no me queda más que la arena escurridiza de los recuerdos
el vago despertar al otro lado de tu almohada
el eco ténue y sibilino de tu voz en mi cabeza.
¿Escuchas nuestras voces en las canciones ?
Yo si... las escucho y me las tatúo para que no te las lleves contigo.
Para que no se me borre el añejo tacto de tus pómulos
ni la época dorada de cuando te importaba mi tiempo en La Tierra.
Sé que no estás pero te busco.
Te busco con las ansías desesperadas de encontrarte
con la ilusa querencia, de que atravieses con viejas flores mi portal.
Yo no sé de Tesoros ocultos, no sé de grandezas
no sé de violines envolventes ni de cartas sobre la mesa.
Sólo sé de muertes súbitas y de conatos de incendio.
Siempre valles de flores tardías.
Siempre son riscos y páramos.
Primaveras que son Otoños y Otoños que son Inviernos.
miércoles, 23 de febrero de 2011
...Más un día dejó de temer.
Temía los encuentros, los desencuentros sin sentido, los espacios vacíos de culpabilidad .
Temía los sinsabores y las ausencias, la voluntad infiníta de dar todo por nada, su hueco en la cama y la simple cordura de que hay cosas que están de más.
La triste certeza sumió su ánimo en pereza y su apetencia en indiferencia.
La desilusión es mala compañera de viaje cuando se tiene cierta edad.
Aquella tarde las aves no volaban, la gente se paraba esperando que explotara la Verdad, los parques eran nidos de víboras y en las iglesias ardían imágenes y retablos sagrados.
Su cuerpo desdeñaba las carícias antaño anheladas, carentes de estigmas, carentes de nada.
La Vanalidad había triunfado.
Temía los encuentros, los desencuentros sin sentido, los espacios vacíos de culpabilidad .
Temía los sinsabores y las ausencias, la voluntad infiníta de dar todo por nada, su hueco en la cama y la simple cordura de que hay cosas que están de más.
La triste certeza sumió su ánimo en pereza y su apetencia en indiferencia.
La desilusión es mala compañera de viaje cuando se tiene cierta edad.
Aquella tarde las aves no volaban, la gente se paraba esperando que explotara la Verdad, los parques eran nidos de víboras y en las iglesias ardían imágenes y retablos sagrados.
Su cuerpo desdeñaba las carícias antaño anheladas, carentes de estigmas, carentes de nada.
La Vanalidad había triunfado.
martes, 15 de febrero de 2011
Partió la celeste nave a Universos remotos.
Desconectó alarmas y esfumó la dirección escrita en el buzón.
Dejóse prendida en La Tierra una antorcha incombustible, solitaria y endeble.
Anídan los pájaros en ramas de los árboles sin Primavera
No pían, no cantan, no vuelan...
Tiene mi nombre ahora, más de dos letras.
Desconectó alarmas y esfumó la dirección escrita en el buzón.
Dejóse prendida en La Tierra una antorcha incombustible, solitaria y endeble.
Anídan los pájaros en ramas de los árboles sin Primavera
No pían, no cantan, no vuelan...
Tiene mi nombre ahora, más de dos letras.
domingo, 13 de febrero de 2011
"Querer de Garrafón"
Desabrocha, uno a uno, los botones de poliéster brillante. Dale la cara a la Vanidad, hambrienta de resíduos menstruales. Purifica las mucosidades con alguna ofrenda Pagana.
Vete a dormir al fondo de un pozo de aguas pantanosas y residuales.
Despiértate algún día, con ansiedad y agujetas en el corazón.
Baila sin una pierna, en medio de una pista de expertos bailarines, observándote por encima del hombro y señalándote con el dedo, en un estallido de sonoras carcajadas.
¿Sientes como se te suben los colores, mientras repasas mentalmente, si hay algún sitio dónde ir?
Baña de ridiculez tu espíritu tímido y timorato, sin poseer dinero para Jabón de Lagarto.
Desea arrancarte la piel a tiras, en un intento inútil al recordar que jamás te has dejado crecer las uñas.
Escupe a tu imagen en el espejo, una y otra vez.
Más tarde, llora tu desastre existencial sin nadie que te comprenda.
Escribe poemas ingénuos en papeles que mueren en una bolsa de basura.
Deseas morirte el Lunes.
Deseas morirte el Martes.
Deseas morirte el Miércoles.
Deseas morirte, un poco menos, el Jueves.
Deseas un coma reversible, el Viernes.
Deseas un desmayo eventual, el Sábado.
Deseas poder dormir, por lo menos un rato, el Domingo.
Vete a dormir al fondo de un pozo de aguas pantanosas y residuales.
Despiértate algún día, con ansiedad y agujetas en el corazón.
Baila sin una pierna, en medio de una pista de expertos bailarines, observándote por encima del hombro y señalándote con el dedo, en un estallido de sonoras carcajadas.
¿Sientes como se te suben los colores, mientras repasas mentalmente, si hay algún sitio dónde ir?
Baña de ridiculez tu espíritu tímido y timorato, sin poseer dinero para Jabón de Lagarto.
Desea arrancarte la piel a tiras, en un intento inútil al recordar que jamás te has dejado crecer las uñas.
Escupe a tu imagen en el espejo, una y otra vez.
Más tarde, llora tu desastre existencial sin nadie que te comprenda.
Escribe poemas ingénuos en papeles que mueren en una bolsa de basura.
Deseas morirte el Lunes.
Deseas morirte el Martes.
Deseas morirte el Miércoles.
Deseas morirte, un poco menos, el Jueves.
Deseas un coma reversible, el Viernes.
Deseas un desmayo eventual, el Sábado.
Deseas poder dormir, por lo menos un rato, el Domingo.
martes, 8 de febrero de 2011
Se resistía el corcho de la botella de vino blanco, aquella mañana. ¿Quién marca las horas propicias para saborear el tipo de líquido que te pide el cuerpo?
No sabía de nadie, así que sacó su copa plástica de brindis y la llenó hasta los bordes.
Acompañada de surcos profanando su cara, le hubiera gustado decir que no hubo nadie que la quisiera como Tú.
Hay tipos de personas que sólo encuentras una vez en la vida.
No son las más comprensibles ni las más políticamente correctas pero son las de verdad, las que te hacen sentir bien.
Así fue.
Llegó un día que por fin entendió.
Un día las ténues esperanzas, se mudaron a las antípodas de sus piernas y entonces dejó de esperar.
Sucedió la tarde que, compartiendo un café con amigos, cayó en la cuenta de la silla vacía a su lado.
Sé que tuvo ganas de morir.
Esa silla había tenido nombre y apellido. Supongo que se dieron cuenta pues alguien la movió de sitio, acompañando su comprensión con una mirada de ternura. Agradeció la ausencia de un "ya te lo advertí".
No. El despertar no es fácil. No es rápido. Ni siquiera alivia un ápice la insana nostalgia de un pasado mejor.
Pudieron tenerlo casi todo y casi todo, casi se vuelve casi nada. Mas nunca podría agradecerle el hueco que le había hecho en este mundo carente de todo.
Inexplicablemente ahora tenía ganas de saltar etapas, de correr maratones y de pintar sus labios.
Bebió un nuevo sorbo de vino amargo y se le antojó dulce. Podía haber sido peor. Podía haberse quedado sin conocer las mieles de las hieles que aparecen en cada latido. Aunque en los momentos fantasmagóricos de las ausencias, creía que no había cosa peor que quedarse a las puertas del tan ansiado Oasis.
Serenamente, acompañada únicamente de su botella dorada, anotó cada frase disertadora que le había pronunciado en los últimos tiempos. Luego las releyó para asumir que no había nada por lo que batallar. Sólo esperar el momento de su despedida.
Se sentía bien porque tal vez, Él encontraría lo que tanto ansiaba. Guardaría sus "nunca pasa nada" en una habitación carente de desolación y hastío.
Al menos que uno de los dos lo consiguiera.
Saldría por la puerta de atrás sin hacer ruido, recordando que "no había nada".
Con su copa vacía, su pitillo en la boca, su sonrisa a pié de página y sus ganas de llorar, repetía en voz alta: "Soñar, no es tan bueno."
No sabía de nadie, así que sacó su copa plástica de brindis y la llenó hasta los bordes.
Acompañada de surcos profanando su cara, le hubiera gustado decir que no hubo nadie que la quisiera como Tú.
Hay tipos de personas que sólo encuentras una vez en la vida.
No son las más comprensibles ni las más políticamente correctas pero son las de verdad, las que te hacen sentir bien.
Así fue.
Llegó un día que por fin entendió.
Un día las ténues esperanzas, se mudaron a las antípodas de sus piernas y entonces dejó de esperar.
Sucedió la tarde que, compartiendo un café con amigos, cayó en la cuenta de la silla vacía a su lado.
Sé que tuvo ganas de morir.
Esa silla había tenido nombre y apellido. Supongo que se dieron cuenta pues alguien la movió de sitio, acompañando su comprensión con una mirada de ternura. Agradeció la ausencia de un "ya te lo advertí".
No. El despertar no es fácil. No es rápido. Ni siquiera alivia un ápice la insana nostalgia de un pasado mejor.
Pudieron tenerlo casi todo y casi todo, casi se vuelve casi nada. Mas nunca podría agradecerle el hueco que le había hecho en este mundo carente de todo.
Inexplicablemente ahora tenía ganas de saltar etapas, de correr maratones y de pintar sus labios.
Bebió un nuevo sorbo de vino amargo y se le antojó dulce. Podía haber sido peor. Podía haberse quedado sin conocer las mieles de las hieles que aparecen en cada latido. Aunque en los momentos fantasmagóricos de las ausencias, creía que no había cosa peor que quedarse a las puertas del tan ansiado Oasis.
Serenamente, acompañada únicamente de su botella dorada, anotó cada frase disertadora que le había pronunciado en los últimos tiempos. Luego las releyó para asumir que no había nada por lo que batallar. Sólo esperar el momento de su despedida.
Se sentía bien porque tal vez, Él encontraría lo que tanto ansiaba. Guardaría sus "nunca pasa nada" en una habitación carente de desolación y hastío.
Al menos que uno de los dos lo consiguiera.
Saldría por la puerta de atrás sin hacer ruido, recordando que "no había nada".
Con su copa vacía, su pitillo en la boca, su sonrisa a pié de página y sus ganas de llorar, repetía en voz alta: "Soñar, no es tan bueno."
miércoles, 2 de febrero de 2011
No.
- Estoy aquí, ¿no me oyes repirar? - Esto lo murmuraba para sus adentros, no queriendo avivar huracanes inhóspitos.
-¿Cuánto tiempo ha pasado ya? ¿Una semana, un mes... tal vez cuatro? No lo recuerdo...
¡Bah! ¿A quién le importa ahora que, por fín, está amaneciendo?
Era la que velaba su sueño y sin embargo, eran otros nombres los que pronunciaban sus noches anónimas.
- Escupe el veneno que te inyecté algún día. Devuélvemelo, por favor. No te quedes con las mil contradicciones que vomité en tu cara impasible.
Mis piés no me siguen. Mi sentido común ha presentado, vía oral, su renuncia. Me duelen las hojas de papel, los mártires desnudos en cumbres de montes paganos, los escombros incandescentes de mis flaquezas y delirios. Pesa mi "enajenación mental" en todas sus manifestaciones.
¿No ves qué hay mermelada de sesos por toda la habitación?
Huele a desidia y a combustión lenta ¿no notas qué me estoy pudriendo? - Acercó la oreja a su pecho para oir si le latía el corazón. Ahí estaba. Bum, bum... latía. Entonces... no estaba muerto. ¿O sí?
Desinfectando heridas abiertas con saliva compartida, empuñó el bolígrafo y se lo clavó en una mano. Concretamente, la derecha.
Entonces vió los cuervos. Graznidos que no dejaban lugar a dudas. Prefería que se convirtiera en pasto de lobos hambrientos de ciudad, a dejar que compartiera su maleta de viaje.
- Bien. Ya lo entendí. Sabe a balada lacrimógena tu manera de decirme adiós. Es tu subconsciente el que te traiciona, no yo. No hay ya público, en el púlpito donde me plantaba a darte mis discursos más ufanos. Me derrumbo a la par que se derrumba mi casa.
Por otro lado, ¿Alguién ha visto mi capucha azul?
-¿Cuánto tiempo ha pasado ya? ¿Una semana, un mes... tal vez cuatro? No lo recuerdo...
¡Bah! ¿A quién le importa ahora que, por fín, está amaneciendo?
Era la que velaba su sueño y sin embargo, eran otros nombres los que pronunciaban sus noches anónimas.
- Escupe el veneno que te inyecté algún día. Devuélvemelo, por favor. No te quedes con las mil contradicciones que vomité en tu cara impasible.
Mis piés no me siguen. Mi sentido común ha presentado, vía oral, su renuncia. Me duelen las hojas de papel, los mártires desnudos en cumbres de montes paganos, los escombros incandescentes de mis flaquezas y delirios. Pesa mi "enajenación mental" en todas sus manifestaciones.
¿No ves qué hay mermelada de sesos por toda la habitación?
Huele a desidia y a combustión lenta ¿no notas qué me estoy pudriendo? - Acercó la oreja a su pecho para oir si le latía el corazón. Ahí estaba. Bum, bum... latía. Entonces... no estaba muerto. ¿O sí?
Desinfectando heridas abiertas con saliva compartida, empuñó el bolígrafo y se lo clavó en una mano. Concretamente, la derecha.
Entonces vió los cuervos. Graznidos que no dejaban lugar a dudas. Prefería que se convirtiera en pasto de lobos hambrientos de ciudad, a dejar que compartiera su maleta de viaje.
- Bien. Ya lo entendí. Sabe a balada lacrimógena tu manera de decirme adiós. Es tu subconsciente el que te traiciona, no yo. No hay ya público, en el púlpito donde me plantaba a darte mis discursos más ufanos. Me derrumbo a la par que se derrumba mi casa.
Por otro lado, ¿Alguién ha visto mi capucha azul?
martes, 1 de febrero de 2011
Lo bueno si breve...
¿Qué haríais si la historia más bonita, fuera sólo producto de vuestra imaginación?
Permanecía inmóvil delante del portal que tantas veces había pisado.
- "Déjame quedarme a vivir bajo las uñas de tus pies. "
Se dió la vuelta, con fingida altanería de saldo... y se fue.
Permanecía inmóvil delante del portal que tantas veces había pisado.
- "Déjame quedarme a vivir bajo las uñas de tus pies. "
Se dió la vuelta, con fingida altanería de saldo... y se fue.
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