La Madriguera es un lugar atemporal.
Misteriosa es su ubicación y su fecha de avistamiento.
La Madriguera puede que no se encuentre en este Planeta.
Es el primer lugar que se te ocurre cuando las heridas supuran o cuando el ruido de la calle, hace que los oidos se desangren.
Es un "Nocturne" a piano de Chopin, un olor a hierba recién cortada...es una manta con manzanas rojas.
Creo que la mía tiene ruedas.
El escondite esquivo, se asoma en las oníricas noches sin luna, en el reflejo de las fotos de ayer, en cada despedida irremediable.
Hay quien no la halla nunca.
Hay quien la encuentra hecha de caoba, dando forma a un ataúd.
Aparece cuando llega el Olvido.
Cuando ya no importa donde estés, porque nada es ya imprescindible.
En el preciso instante que sabes que no te esperan en ninguna parte.
La Madriguera es el punto culminante de cualquier vida. Un remolino vertiginoso de soledad buscada y abrumadora paz.
Allí donde se unen los recuerdos de las sonrisas que esbozaste, de los que ya no están ni volverán... allí donde se juntan con los que llegan para quedarse, sin reclamar la Perfección.
Suave brisa marina que hace remolinos en tu pelo, que enreda tu falda en otras piernas que sientes, ahora, como tuyas.
La certeza absoluta de que has llegado.
Trazos curvilíneos bajo una mueca de sincera extenuación.
jueves, 27 de enero de 2011
domingo, 23 de enero de 2011
Abuelo.
El viejo hacía bastones con sus propias manos.
Tuve que pasar un largo proceso, para darme cuenta de que era viejo.
Tenía los ojos verde amarillento, la altura y fortaleza de un gigante y la sonrisa más bonita del Sistema Solar.
Cuando nadie me entendía, él me sonreía. Asentía con sincera parsimonia, cada locura que vomitaba mi boca.
De mis últimas visitas, no guardo recuerdos tangibles (me odio por ello)
Ahora me doy cuenta de su persimidad para conmigo.
Todo el mundo hablaba bien de él. Llevaba la palabra Respeto, tatuada en la frente.
Cuando todo se tornaban arenas movedizas, mis piernas corrían hacia su Omnipresencia.
De mi época incomprendida, sólo recibía sus llamadas de aliento.
Fuí una niña extraña, una adolescente complicada y una joven demasiado despegada, mas siempre supo darme la explicación para mis desvaríos.
"Non eres deste mundo, miña nena".
Hoy me aconseja en cada bifurcación. Increpa mis fuerzas cuando quiero tirar la toalla.
Oigo su voz en cada estancia de mi casa y cuando caigo, sólo es él el que me levanta.
No había caído en la cuenta de que podía faltarme y ahora que no está, me hace mucha falta.
Me senté en su nueva morada un 24 de Diciembre, ansiando volver a verle, que me contara de su vida en la otra dimensión, que me aconsejara como tantas veces...
Nadie contestó.
Decía que yo iba a ser grande y me carcome por ello, la ligereza con la que he llevado mi vida.
No sé donde estás, ni con quién te codeas...pero sé que me velas cada día.
Tuve que pasar un largo proceso, para darme cuenta de que era viejo.
Tenía los ojos verde amarillento, la altura y fortaleza de un gigante y la sonrisa más bonita del Sistema Solar.
Cuando nadie me entendía, él me sonreía. Asentía con sincera parsimonia, cada locura que vomitaba mi boca.
De mis últimas visitas, no guardo recuerdos tangibles (me odio por ello)
Ahora me doy cuenta de su persimidad para conmigo.
Todo el mundo hablaba bien de él. Llevaba la palabra Respeto, tatuada en la frente.
Cuando todo se tornaban arenas movedizas, mis piernas corrían hacia su Omnipresencia.
De mi época incomprendida, sólo recibía sus llamadas de aliento.
Fuí una niña extraña, una adolescente complicada y una joven demasiado despegada, mas siempre supo darme la explicación para mis desvaríos.
"Non eres deste mundo, miña nena".
Hoy me aconseja en cada bifurcación. Increpa mis fuerzas cuando quiero tirar la toalla.
Oigo su voz en cada estancia de mi casa y cuando caigo, sólo es él el que me levanta.
No había caído en la cuenta de que podía faltarme y ahora que no está, me hace mucha falta.
Me senté en su nueva morada un 24 de Diciembre, ansiando volver a verle, que me contara de su vida en la otra dimensión, que me aconsejara como tantas veces...
Nadie contestó.
Decía que yo iba a ser grande y me carcome por ello, la ligereza con la que he llevado mi vida.
No sé donde estás, ni con quién te codeas...pero sé que me velas cada día.
sábado, 22 de enero de 2011
...
El barco al que nunca llegamos a subirnos
se me aparece en sueños
y lo veo zozobrar.
Reposan vacías de tí y de mí
las calles del pueblo marinero que decidiste enseñarme
cuando todavía era verano.
No sé cuando empezaste a marcharte.
Recostaba mi cabeza en el asiento de al lado
hablando con las cosas
y escuchándote silbar.
No supe como decirte que hubiera querido morír allí.
Me hice valiente tras tu persiana
renací en cada película que me regalabas
te rompí media vajilla y un cenicero.
¿Qué será de nuestra playa cuándo agonice Mayo?
¿O del museo en el qué jugabas a ruborizarme
la primera mañana qué aterricé?
Maldigo el día aquel
en que mis labios osaron murmurar
mi desasosiego.
Arreciaba sobre tu coche
la tormenta más triste que recuerdo.
Altanero izaste la barbilla
para decirme lo que tanto miedo me daba
guardando en tus bolsillos
mis pocas ganas de nacer en algún sitio.
Murieron desde entonces
tus ganas de verme, las canciones
y mi templanza.
Oteo los desprecios
en cada lágrima que me asola.
Tu rabia incontenida
sobre el rostro que te descubre cada mañana.
Si no te amé, estuve cerca.
Sólo sé que hubiera dejado escapar
cada uno de mis sueños
a cambio de que se cumplieran los tuyos.
¿Acaso ése no es, el más grande de los amores?
Ya no importa.
Vaticinas otro nombre junto al mio y vas dejándome atrás.
se me aparece en sueños
y lo veo zozobrar.
Reposan vacías de tí y de mí
las calles del pueblo marinero que decidiste enseñarme
cuando todavía era verano.
No sé cuando empezaste a marcharte.
Recostaba mi cabeza en el asiento de al lado
hablando con las cosas
y escuchándote silbar.
No supe como decirte que hubiera querido morír allí.
Me hice valiente tras tu persiana
renací en cada película que me regalabas
te rompí media vajilla y un cenicero.
¿Qué será de nuestra playa cuándo agonice Mayo?
¿O del museo en el qué jugabas a ruborizarme
la primera mañana qué aterricé?
Maldigo el día aquel
en que mis labios osaron murmurar
mi desasosiego.
Arreciaba sobre tu coche
la tormenta más triste que recuerdo.
Altanero izaste la barbilla
para decirme lo que tanto miedo me daba
guardando en tus bolsillos
mis pocas ganas de nacer en algún sitio.
Murieron desde entonces
tus ganas de verme, las canciones
y mi templanza.
Oteo los desprecios
en cada lágrima que me asola.
Tu rabia incontenida
sobre el rostro que te descubre cada mañana.
Si no te amé, estuve cerca.
Sólo sé que hubiera dejado escapar
cada uno de mis sueños
a cambio de que se cumplieran los tuyos.
¿Acaso ése no es, el más grande de los amores?
Ya no importa.
Vaticinas otro nombre junto al mio y vas dejándome atrás.
viernes, 21 de enero de 2011
Un color evoca un recuerdo.
Ayer la hierba tenía el mismo verde que el de hace catorce años, en el parque de nuestra despedida.
Me pregunto si aún recuerdas aquel primer beso.
Aquel que nos dimos cuando nuestra edad se abría a la vida y todo parecía tan lejano.
Yo no lo hice, tampoco te dije lo contrario.
Me reías, me elevabas y, sobretodo, me seguías.
Son tus promesas de no olvidarme, las que dibujan mi sombra cuando todos me olvidan.
Nunca te eché de menos.
Medías cada día nuestra altura, regocijándote que yo ya no crecería.
Predecías futuros alentadores, grandes hazañas, nuestra permanencia en la Historia.
Decías que yo tendría un novio poeta, que mi existencia cambiaría el mundo.
Después te tornabas airoso, envilecido por mi silencio.
Fué más tarde que me dí cuenta de las palabras que esperabas.
¿Sabes? la Indiferencia ahora duerme cada noche en mi costado.
No sabe que existo.
No sabe de mí.
Me pregunto si aún recuerdas aquel primer beso.
Aquel que nos dimos cuando nuestra edad se abría a la vida y todo parecía tan lejano.
Yo no lo hice, tampoco te dije lo contrario.
Me reías, me elevabas y, sobretodo, me seguías.
Son tus promesas de no olvidarme, las que dibujan mi sombra cuando todos me olvidan.
Nunca te eché de menos.
Medías cada día nuestra altura, regocijándote que yo ya no crecería.
Predecías futuros alentadores, grandes hazañas, nuestra permanencia en la Historia.
Decías que yo tendría un novio poeta, que mi existencia cambiaría el mundo.
Después te tornabas airoso, envilecido por mi silencio.
Fué más tarde que me dí cuenta de las palabras que esperabas.
¿Sabes? la Indiferencia ahora duerme cada noche en mi costado.
No sabe que existo.
No sabe de mí.
miércoles, 12 de enero de 2011
Hastío.
Una vez claudicada la idea de la milagrosa aparición,
volvió a ver paja en los graneros.
Bancos de peces en el mar.
Manadas persiguiendo la misma presa.
Hormigas en fila india.
Ovejas tras un pastor cualquiera.
Histéricas señoras en épocas de rebajas.
"Te quieros" silenciados en bares de mala reputación.
Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, Sábado... Domingo.
Enero, Febrero, Marzo, Abril, Mayo, Junio, Julio, Agosto, Septiembre, Octubre, Noviembre...Diciembre.
...Y así sucesivamente.
volvió a ver paja en los graneros.
Bancos de peces en el mar.
Manadas persiguiendo la misma presa.
Hormigas en fila india.
Ovejas tras un pastor cualquiera.
Histéricas señoras en épocas de rebajas.
"Te quieros" silenciados en bares de mala reputación.
Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, Sábado... Domingo.
Enero, Febrero, Marzo, Abril, Mayo, Junio, Julio, Agosto, Septiembre, Octubre, Noviembre...Diciembre.
...Y así sucesivamente.
martes, 11 de enero de 2011
Ya sólo llovizna.
Le resultaba tan obvia su forma de deslizarte a través de las corrientes alternas, que todo se tornó más fácil.
Se retorció como un gusano por todas las calles, imploró encontrar amnesia en las esquinas, sopló las velas cumpleañeras de cuántos se encontraba, para desear que el tiempo volara...
Pero todo fue en vano.
Gimoteaba sobre su mala suerte, pisaba charcos de lodo, descalza...
Pero seguía siendo un fraude.
Al fín, un día se despertó con la incipiente indiferencia, como compañera de piso.
El lacerante martilleo en las entrañas, dejó paso a una fria calma.
Los latigazos en la espalda, volviéronse anonimato y consciente globalidad.
Rutina. Asomo de tímido repudio.
Siempre era igual.
Adivinaba sus caminares sibilinos entre una multitud buscada a conciencia.
El interés y la Idolatría se fueron desdibujando, como la mueca de un Mimo.
Ya no se sentía pequeña, ya no se sentía vulnerable, ya no se sentía del montón.
Su camino tal vez, se le antojaba ahora, florido y soleado.
El regalo no era él, era ella.
Era un obsequio de pequeñas dimensiones y discreta envoltura, pero limpio y real.
Imaginó dos rutas paralelas que se alejaban en el horizonte.
Ella para encontrarse, él para encontrar.
Se retorció como un gusano por todas las calles, imploró encontrar amnesia en las esquinas, sopló las velas cumpleañeras de cuántos se encontraba, para desear que el tiempo volara...
Pero todo fue en vano.
Gimoteaba sobre su mala suerte, pisaba charcos de lodo, descalza...
Pero seguía siendo un fraude.
Al fín, un día se despertó con la incipiente indiferencia, como compañera de piso.
El lacerante martilleo en las entrañas, dejó paso a una fria calma.
Los latigazos en la espalda, volviéronse anonimato y consciente globalidad.
Rutina. Asomo de tímido repudio.
Siempre era igual.
Adivinaba sus caminares sibilinos entre una multitud buscada a conciencia.
El interés y la Idolatría se fueron desdibujando, como la mueca de un Mimo.
Ya no se sentía pequeña, ya no se sentía vulnerable, ya no se sentía del montón.
Su camino tal vez, se le antojaba ahora, florido y soleado.
El regalo no era él, era ella.
Era un obsequio de pequeñas dimensiones y discreta envoltura, pero limpio y real.
Imaginó dos rutas paralelas que se alejaban en el horizonte.
Ella para encontrarse, él para encontrar.
sábado, 8 de enero de 2011
Marchando.
Cuando los surcos de la vejez
provean de imperturbable sapiencia
a mi corazón, hoy contrariado,
veré lo absurdo de mi dilema.
Tú, como yo
eres sólo carne y osamenta.
Fueron mis párpados ilusos
los que te endiosaron
rodeando de rosácea áurea
los cuervos que comen de tu alma.
Son las púas de la pluralidad
las que azotan
mi cochino existir.
¿En qué pupilas me reflejaré mañana?
¿Qué dedos apartarán el mechón de pelo, qué inoportuna al Morfeo de mis armarios?
Plantarán girasoles
en la puerta de mi casa.
Jamás silenciarán mi ténue debilidad
ni olvidarán mi pequeño mundo
en ninguna casa ajena.
Viene Caronte en su barca
a llevarse el infante amor profesado.
Viene a deshabitar
el eterno hueco deshabitado.
provean de imperturbable sapiencia
a mi corazón, hoy contrariado,
veré lo absurdo de mi dilema.
Tú, como yo
eres sólo carne y osamenta.
Fueron mis párpados ilusos
los que te endiosaron
rodeando de rosácea áurea
los cuervos que comen de tu alma.
Son las púas de la pluralidad
las que azotan
mi cochino existir.
¿En qué pupilas me reflejaré mañana?
¿Qué dedos apartarán el mechón de pelo, qué inoportuna al Morfeo de mis armarios?
Plantarán girasoles
en la puerta de mi casa.
Jamás silenciarán mi ténue debilidad
ni olvidarán mi pequeño mundo
en ninguna casa ajena.
Viene Caronte en su barca
a llevarse el infante amor profesado.
Viene a deshabitar
el eterno hueco deshabitado.
viernes, 7 de enero de 2011
Un roto para un descosido.
El día del juicio final, no estaré sentada a la derecha del Padre.
Por descontado que tampoco estaré en las primeras filas. Me da que ni siquiera en las últimas.
Mi naturaleza curiosa, hace que me pregunte dónde estaré dentro de cien años. Si existirá una eternidad para mí.
¿Llevaré en la otra vida el interrogante perpétuo adosado a mi cabeza?
En mis divagaciones, me viene a la memoria la frase aquella de "te perdiste la luna mientras contabas estrellas".
No hace mucho me la repitieron entre copas y verdades a medias.
Tengo la mala costumbre de ser terca en mis convicciones.
Tengo la mala costumbre de no mirar a mi alrededor.
Podría decirse que "la malas costumbres" me tienen a mi.
A pesar de mi obstinación, empiezo a rendirme en el juego enfermizo de mis últimos casi 365 días.
Nunca hubo otro participante.
Mirando las cosas por el lado bueno, he aprendido la lección mas valiosa de mi vida.
Lo que tanto anhelas puede ser la más pesada de las cruces.
De mis grises y mis negros no voy a renegar mas.
Hoy no me ven, soy sólo una miga más del pastel.
En el fín de los tiempos, tal vez ni recuerden mi nombre.
Vamos y venimos hasta vararnos en la playa adecuada.
Mañana tal vez descubra en el sitio más disparatado e insospechado, lo que significa TODO.
Entretanto, hablaré a mis cosas de tí para que no te traten como a un extraño.
Por descontado que tampoco estaré en las primeras filas. Me da que ni siquiera en las últimas.
Mi naturaleza curiosa, hace que me pregunte dónde estaré dentro de cien años. Si existirá una eternidad para mí.
¿Llevaré en la otra vida el interrogante perpétuo adosado a mi cabeza?
En mis divagaciones, me viene a la memoria la frase aquella de "te perdiste la luna mientras contabas estrellas".
No hace mucho me la repitieron entre copas y verdades a medias.
Tengo la mala costumbre de ser terca en mis convicciones.
Tengo la mala costumbre de no mirar a mi alrededor.
Podría decirse que "la malas costumbres" me tienen a mi.
A pesar de mi obstinación, empiezo a rendirme en el juego enfermizo de mis últimos casi 365 días.
Nunca hubo otro participante.
Mirando las cosas por el lado bueno, he aprendido la lección mas valiosa de mi vida.
Lo que tanto anhelas puede ser la más pesada de las cruces.
De mis grises y mis negros no voy a renegar mas.
Hoy no me ven, soy sólo una miga más del pastel.
En el fín de los tiempos, tal vez ni recuerden mi nombre.
Vamos y venimos hasta vararnos en la playa adecuada.
Mañana tal vez descubra en el sitio más disparatado e insospechado, lo que significa TODO.
Entretanto, hablaré a mis cosas de tí para que no te traten como a un extraño.
miércoles, 5 de enero de 2011
Tú. Sinónimo y Antónimo.
Baja... sube.
Entra... sal.
Dime... cállate.
Bésame... apártate de mi.
Duérmete...vete al cuerno.
Purifíca mi corazón... maldice mil veces mis entrañas.
Acaríciame... azota mi carne con tu desdén.
Compréndeme... ignora mis puertas y ventanas.
Alíñame... abandona los sabores de mi existir.
Dance with me... ponme la zancadilla en lo alto de una escalera.
Sonríeme... aplaca tu ira de tres demonios juntos, en mis huesudos hombros.
.
Entra... sal.
Dime... cállate.
Bésame... apártate de mi.
Duérmete...vete al cuerno.
Purifíca mi corazón... maldice mil veces mis entrañas.
Acaríciame... azota mi carne con tu desdén.
Compréndeme... ignora mis puertas y ventanas.
Alíñame... abandona los sabores de mi existir.
Dance with me... ponme la zancadilla en lo alto de una escalera.
Sonríeme... aplaca tu ira de tres demonios juntos, en mis huesudos hombros.
.
martes, 4 de enero de 2011
Shhh...
Te cobijo bajo mis alas de lunares
descoloridas por la salitre de tus besos.
Agujereadas por los hilos de todas tus marionetas
las mismas que escupen al pronunciar mi nombre.
Mis margaritas tienen conflictos de intereses.
Se deshojan furtivas, azotadas por el servilismo erótico de los tiempos que corren...
Saben rancias las madrugadas, los despertares y los quehaceres.
Saben a melancolía y a mantequilla,
la misma con que acompañas tu pan de cada día.
Se ha vuelto nocturna la compañía y la yonky verborrea.
Nocturnidad sin luna, sin mares que la reflejen.
Júrame que el amor muere...
Zozobran los días de rosas en un jarrón de aguas turbias.
Yacen los pétalos que ayer fueron lozanos - envejecen nuestras fotos, como envejece mi esperanza somnolienta.
Sellánse los pozos de golosa jalea
abandonados por los enjambres de abejas sin reina.
Cebo mi promesa de olvidarte
con frases disparadas por tu boca insalubre.
Júrame que el amor muere...
Deposito tus yacimientos ilegales de palabras
en mis pupilas dilatadas de pesar corrupto.
Carcelero de mi propia sombra...
La que ya ni ve, ni oye, ni convulsiona por tu libre albedrío.
Muérete, que el amor jura...
descoloridas por la salitre de tus besos.
Agujereadas por los hilos de todas tus marionetas
las mismas que escupen al pronunciar mi nombre.
Mis margaritas tienen conflictos de intereses.
Se deshojan furtivas, azotadas por el servilismo erótico de los tiempos que corren...
Saben rancias las madrugadas, los despertares y los quehaceres.
Saben a melancolía y a mantequilla,
la misma con que acompañas tu pan de cada día.
Se ha vuelto nocturna la compañía y la yonky verborrea.
Nocturnidad sin luna, sin mares que la reflejen.
Júrame que el amor muere...
Zozobran los días de rosas en un jarrón de aguas turbias.
Yacen los pétalos que ayer fueron lozanos - envejecen nuestras fotos, como envejece mi esperanza somnolienta.
Sellánse los pozos de golosa jalea
abandonados por los enjambres de abejas sin reina.
Cebo mi promesa de olvidarte
con frases disparadas por tu boca insalubre.
Júrame que el amor muere...
Deposito tus yacimientos ilegales de palabras
en mis pupilas dilatadas de pesar corrupto.
Carcelero de mi propia sombra...
La que ya ni ve, ni oye, ni convulsiona por tu libre albedrío.
Muérete, que el amor jura...
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