Déjame llorarte en esta noche lúgubre.
Déjame llorarte y luego vete...
vete a donde sea que te esperen.
Ya no me queda más que la arena escurridiza de los recuerdos
el vago despertar al otro lado de tu almohada
el eco ténue y sibilino de tu voz en mi cabeza.
¿Escuchas nuestras voces en las canciones ?
Yo si... las escucho y me las tatúo para que no te las lleves contigo.
Para que no se me borre el añejo tacto de tus pómulos
ni la época dorada de cuando te importaba mi tiempo en La Tierra.
Sé que no estás pero te busco.
Te busco con las ansías desesperadas de encontrarte
con la ilusa querencia, de que atravieses con viejas flores mi portal.
Yo no sé de Tesoros ocultos, no sé de grandezas
no sé de violines envolventes ni de cartas sobre la mesa.
Sólo sé de muertes súbitas y de conatos de incendio.
Siempre valles de flores tardías.
Siempre son riscos y páramos.
Primaveras que son Otoños y Otoños que son Inviernos.
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