lunes, 2 de mayo de 2011

 Contrariamente, el cansancio acumulado del año ponía un punto y aparte en sus ideas renacentistas. Sale a la calle, mira los surcos de las aceras e imagina las pisadas ajenas de tanta gente desconocida. Pero están ahí. Por alguna razón existen, se cruzan y no se saludan. Para bien o para mal, todo puede cambiar en una micro-décima de segundo.

  La intuición es un arma de doble filo si no posees la destreza en su uso y disfrute. Nadie elige, nacemos con marcas invisibles que con el paso del tiempo salen de su escondrijo. Algunas se disipan con las partículas curativas de algunos semejantes, otras se transforman en cicatrices permanentes y los más fuertes, las obvian y aprenden a no verlas.

Mañana parece que hace un Siglo que te fuíste... con tus heridas de combate. Esas que me transmitías cada vez que me veías revuelta ( así lo llamabas tú cuando me ponía imposible). En mis cada vez más espaciadas visitas, me soltabas con ese aire despreocupado que el tiempo no me había cambiado pero que me veías distinta, "deben ser los aires de la capital"-murmurabas burlón- ¿Cómo no iba a reirme con tu diplomacia arrolladora? Después, comentabas que había tenido la fortuna de haber heredado tu dentadura y la carcajada era todavía más sonora. Reíamos los dos en el patio y en la cocina, se hacía un silencio, en un intento de enterarse de algo.
Puede que ahora me veas de otra manera desde tu lugar incógnito.

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