lunes, 30 de mayo de 2011

Retornar, fue como querer tomar las rotondas por la izquierda en algunas ciudades. Una utopía.

Imposible también navegar, yo que nunca tuve navío, ni remos, ni mares propicios. Yo que a duras penas sé nadar. 
Dormía mi vida, mientras tú dormías...mientras soñabas con ser poeta de los mares del mundo, de propios y de extraños.

Llega ya Junio, Julio, Agosto... y con ellos, la ténue probabilidad de olvidar en las carreteras la aventura de mi desventura.
Irremediablemente, vi como se perdian girasoles en un cruce de caminos, en el minuto aquel que...¿cuál fue el exactamente el minuto? ¿en qué momento no hubo marcha atrás?

Ánimo y desánimo van de la mano a beberse los restos de las botellas que quedaron, aquellas que un día fueron para brindar que llegaba un nuevo día, que nos cobijaban en la nocturnidad de las confidencias.

Todavía se oyen los ecos de los silencios venideros, del sonar del teléfono al otro lado del tabique, del alegre tintineo del metal y los pasos apresurados.

El final, fue el preludio de los páramos y desiertos vaticinados por charlatanas de pañuelo en el pelo.

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