martes, 29 de marzo de 2011

  Yo maté al Unicornio. Le maté cuando todavía no había aparecido ni un asomo de mis instintos asesinos.

Le maté sin querer matarlo.

No quería su sangre milagrosa, buscada por  antepasados ancestrales, sólo quería olerlo, saber si existía.
Exístes... ahora lo sé y ya me basta. Aunque seas escurridizo como los bancos de niebla de un atardecer, que sólo se ve en los sueños más pretenciosos e imposibles.
Miles de personas te buscarán a través de los Siglos venideros, pero yo, querido Unicornio, te tuve.

Te tuve sin tenerte.

 Te tuve. Aunque sólo fuese en mi retina , ahora grisácea y vieja, deslumbrada por la belleza de tu contorno, aquel primero de Noviembre.
En los meses venideros entendí, que contigo yo tenía fecha de caducidad. Que eran en vano mis fantasías y pensamientos paranóides. De nada servía mi beso sincero, las hojas en blanco reservadas para estampar tus huellas, la ofrenda de mis vísceras en tus altares o mi otra mejilla en tus desaires.

sábado, 26 de marzo de 2011

No he hecho nada más que nacer.

Nacer para observar como mueren, como mueres, como muero...
No sé de nada y sobrevivo por querer saber de todo. ¿He tenido yo la culpa de haber tenido un cuerpo? Yo nunca lo he pedido. Por no pedir, ni pedí tener conciencia.
La conciencia que me estorba, que lacera mis sesos estruendosos hasta hacerlos claudicar de sus pobres pensamientos.
No, ni siquiera pedí tener cabeza y mucho menos corazón.

jueves, 24 de marzo de 2011

Aranas, mentiras al fin y al cabo.

Cuando salen a flote las mentiras las horas van muy lentas. No importa si son piadosas.
Se te van debilitando cada una de las extremidades, caen inertes y fláccidas sobre el colchón. No hay consuelo de ningún tipo.
Son molestos los sonidos que te rodean, molesta hasta tu propia voz. Después menguan las paredes y te asfixia el calendario.
El repaso mental al que te sometes, no es mucho mejor. Caes en la cuenta de las veces que disimulaste con mercromina genérica cada rasguño reiterado, rasguño que ahora se ha vuelto una úlcera sangrante.
Voy sintiendo como pierdes hasta el último Decilítro de sangre que te ofrecía. Cada revelante noticia viene a decirme que no estuve tan equivocada.

Mezcla de alivio y resquemor por lo que se me viene encima pero al fín podré empezar a mirar sin los cobertores que me proveía la Adoración.

Voy sintiendo que casi no siento nada. Pueden más mis arcadas subliminales que todo el amor que un día profesé.

Inútilmente no soy yo la pierde, gané en valentía y en coraje. Gané la certeza que ya tenía.

Tengo ganas de correr y volverme cenizas.

sábado, 19 de marzo de 2011

Dices que ya no quieres alimentar este motor
que es por mi bien el matarme de sed.
Gritas que ayer ya no es hoy
y que en tu mañana
ya no hay nada para mí.

Dices que todo cambia
que el aire se ha viciado
y que buscas una nueva dirección.

Me perdí en tus palabras
tan sola que hasta no me ví
reflejada en los escaparates
de las calles que nos vieron morir.

¿Sabes? sin nada no se está mucho mejor
pero al menos no me siento
como los retales de un vestido viejo.

No se puede con la frescura
de los peces recién pescados.
No se puede sólo armada
con un temblor caduco y congelado.

Tantas veces tengo ganas de decirte
que me invento conversaciones
en una casa imaginaria
donde sólo habito yo y tu ausencia desgarradora.

Necesito perdonarme las plegarias reiteradas
y ver mis manos vacías
con los párpados libres de lágrimas.

Fuimos lo que no se sabe
somos lo que nunca fuimos.

Tan insignificante para darme un nombre
que para tí no merecí.
Tan incompleta como para no estar a la altura
de reconocerme un hueco en tu "País de las Maravillas".

¿Cómo vas a querer guardarme en tu maleta
habiendo tantos tesoros en tus arcas?

Disimularé mis ganas de seguir a tus zapatos
cuando, tal vez, nos crucemos
y no sea yo la que frote tu nariz.

Desaparecerás en los años, sin saber
la magnitud de lo que has hecho conmigo.

Que no quise sólo tus buenos ratos...

También los malos, los peores y los que ya nunca veré.

viernes, 4 de marzo de 2011

No fuíste Tú ni fui Yo.
Fueron los pares de botas gastadas
cansadas de correr en ninguna dirección.

No hubo nada que Tú y Yo
pudiéramos hacer.
Nada sigue siendo nada
si uno de los dos, no le dá de comer.

Son los somníferos los que me hablan ahora
cuando llegan las horas sin luz.
Son los que acarician mis párpados,
sombríos y azulados de batallar
contra las sombras de un marchito Girasol.

Ya no me vienes a buscar, amor...

Ya no se dibuja tu perfil en el umbral de mi puerta.
Ya no aparecen nuestros nombres en digital,
ni es mi cara morena, la única que te apetece besar.

¿Escuchaste mis presagios cuándo todavía estábamos a tiempo?
¿Cuándo avisaba qué mi locura transhumante, haría acto de presencia?
¿Cuándo pedía qué te armaras de Paciencia?

Muero al ver desfallecer tus fuerzas.
Al ver dormir tus apetencias.
Al palpar la certeza inhóspita de mi mala gestión.

jueves, 3 de marzo de 2011

Ando buscando en los armarios, algún sueño que ponerme.
Uno que vista mis cenizas y mis ruinas.
Alguno que dé a mi desnudez el cobijo que le falta.

Evidentemente, no lo encuentro.

Serán de sal todas mis tardes venideras.
Serán de tíbia amargura,
de nombrarte hasta quedarme muda
de no oir tu voz en la respuesta.

¿Dónde está mi fé?
En lugar de dos vasos de sonrisas hay dos klinex de papel.
De mis ganas de nada nacen tus ganas impacientes de perderme.

Tú reirás sin notar mi ausencia.

Atenderás las apetencias de otro vientre de alquiler.
Cambiarás mis piernas por otras más intrépidas y veloces
Y sobre mullidos cabellos novedosos
dormirás los sueños que en tus paredes dejé.

Ando buscando quien era antes de entonces.
La busco en las maletas y en los cajones.
En las canciones, en los viejos amigos
en los nuevos sentidos que se me despiertan.

Ni rastro.