Cuando los surcos de la vejez
provean de imperturbable sapiencia
a mi corazón, hoy contrariado,
veré lo absurdo de mi dilema.
Tú, como yo
eres sólo carne y osamenta.
Fueron mis párpados ilusos
los que te endiosaron
rodeando de rosácea áurea
los cuervos que comen de tu alma.
Son las púas de la pluralidad
las que azotan
mi cochino existir.
¿En qué pupilas me reflejaré mañana?
¿Qué dedos apartarán el mechón de pelo, qué inoportuna al Morfeo de mis armarios?
Plantarán girasoles
en la puerta de mi casa.
Jamás silenciarán mi ténue debilidad
ni olvidarán mi pequeño mundo
en ninguna casa ajena.
Viene Caronte en su barca
a llevarse el infante amor profesado.
Viene a deshabitar
el eterno hueco deshabitado.
Todo muyyyy profundo Su.
ResponderEliminarPRECISOOOO... perooo.... quien es Caronte? :-S
ResponderEliminarCaronte es el barquero. El que te atraviesa a la otra orilla, la de la muerte.
ResponderEliminar¿Y ese anónimo de ahí quién es?
ResponderEliminarA sabereeee....
ResponderEliminar