viernes, 17 de diciembre de 2010

Yo cubrirte de flores... tú tapiarme de tierra.

No sé por qué existen personas que hacen de su vida, una metralleta asesina.
Como quieren hacer daño con premeditación y alevosía.
Nadie sabe el daño intenso que pueden hacer, palabras escondidas tras un anonimato.
Nadie sabe lo que puede haber tras una foto sonriendo, tras comentarios jocosos y la ironía fingida.
Nadie sabe de ella.
Nadie... porque, si lo hubiera, no lo habría permitido nunca.
Nadie se acuerda de nadie.
Con las dos piernas rotas, se arrastraba buscando la salida. Estaba oscuro, ni siquiera se divisaba el letrerillo luminoso con la palabra " Exit".
Había dos finales para esa historia que nunca fue historia. Tan sólo fueron retales de retales que un día otros, habían dejado por imposible.
No se lo había buscado. Ni siquiera lo vio venir.
La única perdedora, subió a su tren imaginario, esperando que el maquinista demacrado, lo pusiera en marcha y la llevara lo más lejos posible de aquel pozo de excrementos.
Silencio... silencio absoluto. Ya no iba a pronunciar ni una palabra más, para así salvaguardar su orgullo agonizante.
Ya no iba a colocar soldados en la guerra sin tregua que alguien había iniciado sin su permiso.
Ya podían respirar tranquilos el aire viciado al que ellos querían llamar oxígeno.
Trató de ser una burbuja transparente y cálida en la que Él reposara su existencia agotada, en donde sus fantasmas durmieran sin alarmas sonoras.
De nada sirvió...
Con la conciencia tranquila, siguió esperando al conductor impuntual. Veía pasar escenas de los meses perdidos. Después de cada escena un 'por qué'.
El único destello de esperanza, era que un día se diera cuenta de su infame injusticia.
Cuando ella pudiera mirarle a los ojos con la indiferencia del dolor moribundo, para sólo preguntar las razones de su timo.

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