Las despedidas en Diciembre, son aún más frías. Tan sólo hacía días le decía: "no me dejes caer", aferrándose a una mata de pelo que le parecía la barandilla más firme y segura que había divisado jamás. La mata de pelo se hizo pelusa...desaparece con el soplido más pequeño.
Las cosas no siempre salen como uno quiere , pero en su letanía más abrupta, se autoconvencía que todavía quedaban soles por salir.
El pincel que llenaba de color su cuadro abstracto, reposaba ahora, en otro bote de pintura. Una más brillante y novedosa.
Aguardaba su alma marchita, en el contenedor de los orgánicos. En esos donde se tira lo que se pudre, lo que caduca, lo que no hay manera de transformar en algo útil.
Aquella mañana de locos, el viento se había puesto de su parte y rugía a modo de despertador.
- ¡ Sal de tu cueva, idiota ! ¡ Vuélvete a poner en pié !
A desgana y amainada por los contratiempos, se puso la misma ropa que la del día anterior. No se atrevía a mirarse en el reflejo de las ventanas.
Café tíbio y un cigarrillo como único alimento para su castigado estómago. El pobrecillo siempre las pagaba todas.
Nubarrones grises presagiaban tormenta, la misma que ahora había en su corazón.
No encontraba un paraguas por ningún sitio. ( ¿Dónde están las diéresis en el maldito teclado?)
No se le ocurría peor idea que la de mendigar amor. No se puede echar de menos a quién nunca se ha tenido. Lo de los clavos y las espinas, tampoco era buena idea.
TENÍA LA CABEZA LLENA DE MALAS IDEAS.
Pensándolo bien, la lección que había aprendido le serviría de por vida. Entonces... ¿ Por qué se sentía como un mar lleno de bolsas de plástico?
Como la Scarlatta O' Hara más ruinosa, miró la tierra que se le abría por delante y pensó que mañana sería otro día.
...Y otro...y otro...y otro...y...
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