Hay un corazón que se marchita subiendo la cuesta,
...esquina número 34.
Hay un lado de la cama inerte y una cabeza que se agita
buscando una respuesta a tanto vacío.
¿Qué importa si tengo frío, si me deshago, si llego a casa o si respiro...?
Tal vez sólo importa cuando lo único que se ve
no son las vestiduras de un cuerpo
y cuando su recuerdo, en la lejanía...no permanece escondido.
El azul de mi cielo está desteñido por tanta distancia herida,
por negras nubes tormentosas,
por cometas vanidosas que envidiaron aquel horizonte
que un día estuvo despejado.
Esta noche, como tantas, evoco tu presencia y sólo hallo desconsuelo
las risas apagadas del pasillo, fulminan cualquier atisbo de cordura
la melancolía se cuela furtiva por mi ventana
y me invita sutilmente a hacerme compañía.
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