Bajo el balcón veía la escarcha acumulada en los coches inmóviles, abandonados por sus dueños por el calor de sus casas.
Ella no tenía casa.
No me refiero a las cuatro paredes salpicadas de cuadros y recuerdos fotográficos de algún tiempo mejor. No. Me refiero a una casa espiritual donde salvaguardar sus emociones.
Tal vez hubo un ínfimo amago de tenerlo días atrás, tal vez lo hubo donde ahora sólo hay un proceso abortivo, un cubo de basura lleno de restos alimenticios de hace tres meses.
Se sentía borracha de dudas.
Continuando su rutina, se dió cuenta ( para su desgracia ) que desde que le descubrió nada iba a ser igual.
Tenía ganas de ir a buscarle y vomitar todas esas palabras que se le acumulaban en el estómago hasta provocarle una úlcera. Tenía ganas de contarle que hubiera dejado de respirar con tal de que la última imagen que viera fuera la suya.
Era enfermizo...pero bonito. Era enfermizo porque no era correspondido, porque cuando te quieren y no quieres puede resultar molesto. Puede llegar a incordiarte hasta sentirte como un pez en una pecera con demasiada comida.
Y que frio... mientras vomitaba temblaba d los pies a la cabeza, convulsivamente... y vomitaba, vomitaba y vomitaba... y se quedó vacia...
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